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LA AMISTAD

Parte II

Veamos a continuación lo que dijeron sobre la Amistad otros filósofos famosos griegos y de otras latitudes y épocas:

Epicuro: filósofo griego (341-270 AC) autor de la ética filosófica del simple placer, amistad y retiro. Materialista metafísico. Ensenó que el elemento básico del universo es el átomo. Indivisible partícula de la materia que viaja a través de los espacios vacíos. Trataba de explicar todos los fenómenos naturales en términos de los átomos. Valoraba altamente la amistad y la elogiaba de manera extravagante. Decía que la “amistad danza alrededor del mundo”, diciéndonos que nosotros tenemos que despertar bendecidos. También el hombre sabio es  algunas veces propenso a morir por un amigo. En consecuencia, algunos de sus discípulos y otros pensaban que él abandonó su filosofía helenística (basada principalmente en cuestiones éticas) y su tendencia altruista en pos de la amistad. Pensaba que la amistad es capaz de proveer a unos y otros gran seguridad dado que la vida sin amistad es solitaria y expuesta a grandes peligros. Debe haber confianza entre los amigos, y los amigos deben tratarse unos a otros como se tratan a sí mismos.

 

Cicerón: Marco Tulio Cicerón (106-60 AC), abogado, escolar y escritor. Sus escritos incluyen libros sobre retórica, oraciones, filosofía y tratados políticos.    Consideraba que existen diferentes tipos de amistad. Confundir unas con otras puede frustar a una persona. Hay, según él, tres tipos de amistad: amistad de utilidad. Ésta se caracteriza por una relación casi diaria interactiva entre dos o más personas motivadas por una actividad comercial o de servicio: el camarero de un restaurante que atiende a alguien con frecuencia; el cartero, el financiero preparador de impuestos; cajero de un banco; etc. Una relación ocasional o frecuente pero que no va más allá de la actividad en particular. Amistad de placer: una persona que provee entretenimiento en un juego, en una actividad social, más íntima que la primera, aunque con ciertos límites de lo que pudiera considerarse un amigo. La tercera: la verdadera amistad entre dos o más personas. Personas con quienes se mantiene una relación más estrecha. Con éstas se llega a un grado de intimidad sentimental, de confiabilidad, de intercambios de ideas, de afinidad en muchos aspectos de la vida, de asistencia mutua en tiempos difíciles. Estas personas no abundan hasta este grado en la vida de otra persona, pero la historia muestra que existen.

Cicerón tuvo solamente un amigo, a quien siempre consideró como tal desde la niñez: Titus Pompeo (Pompey), conocido por Atticus, quien fue en la madurez el peor enemigo de Julio Cesar. Por este amigo, Cicerón renuncio a mejores posiciones y nivel de vida en el período de gobierno de Julio César.

Maquiavelo: 1469-1527. Nacido en Florencia, Italia. Época del Renacimiento Italiano. Filósofo político; hombre de estado, secretario de estado de la república de Florencia. Su más famosa obra fue El Príncipe. Esta obra le otorgó la reputación de ateo y cínico. Éste no se manifestó directamente sobre la amistad, sino mediante algunas expresiones y refranes como los siguientes: Con amigos como éstos, Cesar no necesita enemigos; Amistad que se adquiere por un precio, se compra pero nunca realmente se posee; Los hombres nunca hacen algo bueno si no es por necesidad, pero cuando ellos son libres de escoger y lo hacen justamente por satisfacción, la confusión y el desorden imperan.

Este último pensamiento de Maquiavelo aunque no es una alusión directa a la amistad, evidencia lo que realmente pensaba sobre ésta: “nadie hace nada bueno si no es por necesidad” Es decir, la amistad está condicionada a intereses propios.

Francis Bacon: (1561-1626)

Filósofo y estadista británico.

Un fruto principal de la amista es la liberación y descarga plena y expansiva del corazón, cuyas pasiones de todas clases promueven e inducen.

“Sabemos que las enfermedades paralizantes y las sofocantes son las más peligrosas en el cuerpo y no de la misma manera en la mente. Usted puede tomar zarza para abrir el hígado; acero para abrir el bazo; flores de azufre para los pulmones; castóreo para el cerebro; pero ninguna fórmula abre el corazón, sólo un verdadero amigo, a quien usted puede ofrecerle condolencia, alegría, temor, esperanza, sospecha, consuelo y todo aquello que oprima el corazón en una clase de confesión o absolución”.

El segundo fruto de la amistad es saludable y soberano para el entendimiento como el primero es para el afecto. La amistad hace, de hecho, luz del día en la comprensión, fuera de la oscuridad y confusión de los pensamientos. Ninguno de éstos puede ser entendido solamente por la fe en el consejo que un hombre recibe de un amigo, pero antes de que usted llegue a eso, cierto es que quien tenga su mente llena de muchos pensamientos, su ingenio y entendimiento se aclaren y se rompan,  en la comunicación y el discurso con otro; tira sus pensamientos más fácilmente; los organiza más ordenadamente; ve cómo se ven cuando se convierten en palabras: finalmente, gana en sabiduría; y todo eso por el discurso, conversación, de una hora en lugar de un día de meditación.

Kant y Nietzsche

Estos dos famosos filósofos alemanes son importantes en la comprensión de la idealización de la amistad, que inevitablemente conduce al nihilismo (corriente filosófica que niega toda creencia religiosa y política así como la negación de un fundamento objetivo en el conocimiento y en la moral).

Nietzsche (1844-1900), por un lado, proclama que solamente algo como la amistad puede salvarnos de nuestra condición nihilista, y, por otro, declara que precisamente la amistad ha sido desenmascarada y resulta imposible por estas condiciones. Esto claramente sitúa a los humanos en la paradoja nihilista de no permitirnos creer en la posibilidad en lo que no podemos hacer sin ésta. También afirmaba que “solamente los más moderados, aquellos que no requieren acciones o pensamientos extremos de fe serán capaces de lidiar con el nihilismo”. Éste que vivió la mayor parte de su vida filosófica en la soledad como un ermitaño, no se refirió mucho en sus cartas a la amistad, sin embargo, se lamentaba bastante de su soledad.

Kant (1724-1804) fue todo lo contrario, aunque escribió pocas páginas sobre la amistad, sí se reunía diariamente con amigos, cenaba con frecuencia y se tomaba fotos con ellos.

Él expresó en una conferencia, 1797, sobre la amistad, que hay dos motivos de acción en el hombre: uno, amor por sí mismo, amor propio, y el otro amor por la humanidad; este último derivado de otros y tiene una motivación moral. En el hombre, enfatizó, estos dos motivos están en conflicto. Este conflicto es tan grande, la oposición entre ambos tan absoluta, que la síntesis de estos dos motivos es realmente imposible. Sin embargo, tenemos un nombre para esta síntesis: amistad. La amistad es exactamente la combinación del amor propio y el amor a la humanidad.

Es el amor propio el que se fusiona completamente con el amor al otro, externo. O, expresándolo de otra manera, es el amor al otro, que está tan absolutamente seguro acerca de ser recíproco, lo que no está más en conflicto con el amor propio.

Éste, en su obra Metafísica de la Costumbres, expresa su concepto sobre la amistad de un modo más preciso: “La amistad como la unión de dos personas a través del mismo amor y respeto recíprocos”. Por  supuesto, él mantiene una opinión muy general de la amistad, una especie de idealización de ésta, o sea, un tanto sublimizada. Y es que precisamente Kant en su obra Crítica a la Razón Pura habla del ideal. Es decir, la razón humana no sólo contiene ideas, sino también ideales. Para él hay una diferencia entre idea e ideal. Más adelante relaciona el concepto de amistad con el concepto del deber. En otras palabras, perseguir, vincular, la idea de amistad como ideal. “Una relación como la buena intención recíproca es un deber para el hombre”.

Esta idealización de la amistad de Kant implica una relación difícil de producirse comúnmente. Es decir, gozar de la amistad de alguien es como un privilegio casi divino. Existe, puede existir, si y solamente si, cumple con ciertos principios inalterables, supremos, entre los que predomina el deber, sin los cuales una relación entre dos o más personas no se puede catalogar de amistad.

 

 

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