skip to Main Content

EL TERCER OJO

 

Caminaba absorto en mis pensamientos por una calle cuando oí la voz de un hombre a mis espaldas llamando mi atención. Me detuve y me volví. Para mi sorpresa era mi amigo Apollo, a quien no veía desde su relato alucinante sobre Los Antimateria. Cruzamos varias palabras intranscendentes y, entonces, me invitó a tomarnos una taza de café en una cafetería cercana de nuestra posición. Acepté.  Era sábado, diez de la mañana, y no tenía prisa en regresar a casa.

Transcurridos cinco minutos, nos sentamos a una mesa sugerida por una camarera joven y atractiva quien nos hizo la mañana mostrando una sonrisa fresca y deslumbrante como su figura.

Los dos nos miramos y sonreímos contagiados por el hechizo.

—¿Y qué nueva historia traes entre manos? —dije.

—¿Historia?

—Bueno, es un decir. Es que todavía estoy pensando en el mensaje que me dejaste caer en nuestro último encuentro en el parque. ¿Recuerdas?

En estos momentos la camarera se detuvo frente a nosotros mostrando su contagiosa sonrisa.

Ambos ordenamos un café regular sin crema ni azúcar.

Ésta toma nota en su iPad. Sonríe de nuevo y se aleja.

—En realidad no hace mucho tiempo de aquel día. Yo siempre ando tras cualquier asunto de interés o, más bien, escabroso.

—¿Algo nuevo o un seguimiento del tema anterior que aún me mantiene con la boca abierta? —dije.

Apollo me lanzó una mirada indescifrable. Su mente parecía divagar lejos de allí, posiblemente perfilando el nuevo asunto que, sin lugar a dudas, sería tan preocupante o alucinante como el último, antes de este encuentro. Aunque nosotros no hablamos con frecuencia, solamente en encuentros ocasionales come éste, mi amigo siempre resulta ser un tipo simpático e inteligente. Su vestimenta es casi siempre un poco extravagante y su nombre, tomado tal vez del dios de la mitología griega, continúa sonándome fuera de lo común, un sobrenombre, quizás. De todos modos, así lo llaman también sus amigos. 

—El asunto del cual te hablé anteriormente sigue tan vigente como la energía solar. Pero hoy no trataré sobre eso, sino de algo en el que todavía estoy investigando día y noche —repuso finalmente, frotándose los ojos con los dedos de ambas manos.

En este momento reapareció la camarera con las dos tazas de café. Ambos, tras retirarse la mujer, probamos un sorbo de la aromática infusión. 

—¿Recuerdas a Polifemo, el cíclope gigante en La Odisea de Homero?

La pregunta me sorprendió porque no esperaba tal alusión. 

—¿No has leído esta obra maestra, obligatoria para la gente ilustrada?

—No. No la he leído completa. Pero sí estudié fragmentos en el high school. 

Sonrió y me miró con indulgencia.

Me sentí un poco mal. Sin embargo, logré recuperarme con rapidez. Nos tomamos otro sorbo de café y, después, me miró fijamente.

—Bueno, mencioné a Polifemo porque éste, como los demás pastores de su tribu de salvajes, tenía un tercer ojo en la frente según narra la historia de Homero. 

Hizo una pausa, meditativo. Yo me sentí desconcertado. ¿Qué rayos significaba mencionar a Polifemo y su tercer ojo? A menos que trajera una carta bajo la manga sobre alguna historia alucinante sobre nuevos seres mitológicos o extraterrestres.

—Polifemo es un símbolo, una alusión a una posibilidad, además de una condición física: un tercer ojo. Esto es lo que cuenta. El elemento a resaltar.

Me quedé de piedra. 

—¿Un tercer ojo? ¿En la frente o en otra parte?

Volvió a mirarme y sonrió con ironía.

—Sí, un tercer ojo, pero no ése que insinuaste, sino como creen que existe en el hinduismo, budismo y otras religiones. 

—Entonces, según estas religiones, ¿todos somos cíclopes? —dije, preparándome para lo que presentí que Apollo traía,  esta vez, bajo la manga en su diatriba mágica. 

—Sí, aunque con grandes diferencias.

Me tomé dos sorbos de café y me arrellané en el asiento. Apollo, en su vorágine intelectual, siempre me desconcierta con sus ideas estrambóticas, pero sin dejar de ser interesantes e inteligentes.

—Entonces, ¿todos somos cíclopes o a medias?

—Somos, pero, como te dije antes, existen grandes diferencias. Unos tienen ese tercer ojo más desarrollado y otros, menos. A tal punto que, los primeros, pudieran utilizar ese tercer ojo como el primario y los otros dos, muy poco o nada; ciegos de esos dos. El otro grupo, los que poseen menor desarrollo de ese ojo, son los comunes, los que no ven más allá de lo rutinario. 

Me rasqué la cabeza, porque sentí como si un insecto estuviese caminando por allí. Hice un gesto de desconcierto y mi amigo pareció detectar mi sentir.

—¿Y cómo yo no he visto a ninguno con ese tercer ojo que dices?

—Ahí está el secreto. No lo ves porque lo ocultan a toda costa. Eso sería venderse abiertamente al enemigo.

Me rasqué de nuevo la cabeza, libre, esta vez, de la sensación anterior. ¿Adónde quiere llevarme mi amigo?

—Estos poderosos cíclopes se cubren ese tercer ojo con un material, color de su piel, no detectable para los otros, pero transparente para ellos. Es como esos cristales que no no permiten ver de afuera hacia adentro, pero sí en sentido contrario.

Ambos nos tomamos dos sorbos de café. Lo miraba cada vez más incrédulo y suspicaz. Apollo, sin lugar a dudas, es un tipo imaginativo y de ideas traídas de otra galaxia. 

—¿Y cuál es la función de esos tipos o personas, porque pueden haber también mujeres entre ellos?

Apolo hizo una mueca indescifrable, como de alguien que va a confesar un secreto bien guardado.

—Bueno, no todos estos son malos. Los hay benefactores a la humanidad y también, engendros del mal. Estos últimos son los espías de Los Antimateria. Ese tercer ojo, de los cíclopes negativos, tiene un poder increíble. Lee las mentes de los adversarios o de aquellos que ellos consideran como tales y son capaces hasta de manipular sus pensamientos. Demonios sueltos entre nosotros que vivimos ajenos a su existencia y capacidad para ejercer el mal.

Fui a tomarme otro sorbo de café, pero ya éste había tocado fondo. Mi estupor era visible.  Apollo había traspasado la órbita terrestre y navegaba en el espacio sin una trayectoria definida ¿Estaría éste bien de la cabeza o era yo quien se encontraba fuera de órbita?

—¿Y si esta gente existe, cómo has podido averiguarlo con tanta certeza? 

Sonrió otra vez y sus ojos brillaron con intensidad.

—Eso no te lo puedo confiar. Pero, sí tenlo por seguro que esa gente existe; buenos y malos y, estos últimos, los malos, son muy activos y prestos a llevar a cabo sus nefastos y despreciables propósitos. Y lo más triste de todo, es que el mundo actual está ciego.

—¿Ciego?

—Sí, aunque aparentemente luzca una contradicción, así es. Muchos, probablemente la mayoría, poseen una visión 20-20 en los dos ojos, pero, ese tercer ojo, está ciego o casi inservible, y, esto, los hace padecer de una miopía peligrosa. 

Intenté hacerle otra pregunta, con el propósito de aclarar algunas dudas de las tantas que inundaban mi cabeza. No obstante, Apollo se puso de pie y dijo que le urgía marcharse, dejándome con la boca abierta y la mente de manera convulsa en un caos de contradicciones. Dejó unos dólares sobre la mesa y se alejó mientras hacía un  ademán casi imperceptible de despedida. ¿No será éste uno de ellos?, pensé intentando recuperar el control.

 

 

This Post Has 3 Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Back To Top
Skip to toolbar