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LA DEMOCRACIA EN PELIGRO

 

En los siglos XX y XXI, la palabra democracia es una de las que con mayor frecuencia aparece en todas partes. Obviamente, casi todos poseemos ciertos conocimientos de los elementos que la definen. Pero para entender mejor cualquier fenómeno actual debemos remontarnos a su origen. La democracia, como sistema de gobierno, surgió, según aseguran algunas fuentes, en la antigua India, siglo VI AC y luego, siglo V AC en la antigua Grecia, Atenas, Demokratia. Sin embargo, aquellos sistemas llamados Democracia no eran similares a los actuales. La manera de elegir a los funcionarios de gobierno, legislativo y judicial difería bastante a los de hoy. Pero significó un gran avance comparado con el habitual dominio de la clase aristocrática dominante o de un dictador, emperador. El poder, en el nuevo sistema, fue otorgado a los hombres libres atenienses.

Para ser parte del nuevo sistema de gobierno, Democracia, una persona tenía que ser libre, hombre y ateniense. El sistema democrático era directo, en vez de representativo. Éstos, los hombres, eran, de hecho, parte de la asamblea (en aquellos tiempos la población total de Atenas era relativamente baja,  estimada en unos 30,000 habitantes. De éstos, cerca de 5,000, hombres, asistían regularmente a las reuniones de la asamblea. El resto se encontraba en campañas militares u otras actividades de gobierno, en los jurados y otros. La democracia de la antigua Grecia perduró menos de 200 años. Su mayor auge ocurrió durante el mandato del  general Pericles.

Este artículo no pretende ofrecer una disertación sobre los fundamentos y funcionamiento de la democracia griega. Esta información puede encontrarse plenamente en internet.

Pero es interesante destacar que uno de los grandes filósofos griegos, llamados sabios, Sócrates, nunca fue un admirador de la democracia de aquel entonces. Éste argumentaba que la democracia ofrece la posibilidad de que hombres “inferiores”, sin poseer la capacidad y educación necesaria, ocupen cargos importantes en el gobierno en lugar de hombres sabios. También dijo en una ocasión: “Si usted quiere estar equivocado, entonces siga a las masas”

Platón: Una dictadura surge naturalmente de una democracia, y la más grave forma de tiranía y esclavitud emana de la libertad extrema”

“Democracia conduce a la anarquía, la cual es la regla de los grupos violentos y vandálicos”.

“Democracia conduce al despotismo”

Winston Churchill: “Democracia es la peor forma de gobierno, excepto para todas las otras formas de gobierno que han sido implementadas”

Como estas opiniones, encontradas, podemos hallar muchas otras de personas importantes, entre filósofos, políticos y otros, a lo largo de la historia. Ahora bien, estos destacados pensadores y estadistas basaron sus pensamientos y opiniones en las experiencias históricas desde la antigua Grecia hasta nuestros días. Pero, ¿por qué los más importantes filósofos griegos tenían una idea tan desfavorable de la democracia? Tendríamos que remontarnos a lo ocurrido con la democracia establecida en la antigua Grecia. ¿Cómo surgió y evolucionó la democracia en Atenas hasta disolverse en una dictadura férrea después de la muerte del general Pericles?

Un proceso similar ocurrió con la República Romana. Descomposición interna, conflictos bélicos y la injerencia directa de enemigos internos, cercanos o de países extranjeros. La corrupción generalizada, la afectación de grupos con ideas y conductas radicales, la manipulación de la opinión pública, que aunque muy limitada en aquellos tiempos, se encontraba dominada por personas o grupos con ideas contrarias a los intereses tradicionales del país. Situaciones muy similares a los tiempos actuales, en los cuales ocurre la decadencia moral inducida por grupos que han trabajado durante décadas en la sombra para lograr destruir lo que ellos estiman como una sociedad vil y explotadora de los pobres y de menos favorecidos. Este fenómeno está ocurriendo en la mayoría de los países con gobiernos democráticos.

La democracia es, de hecho, un sistema ideal de gobierno cuando todo se estructura de un modo armónico, funcional y se educa al pueblo con principios que los obliga a velar por los intereses de los demás, del país y propios; el respeto a las instituciones y a las leyes con estricto cumplimiento para todos. También se entable una lucha tenazmente y sin tregua contra la corrupción de toda clase, sin excepción. Una democracia verdaderamente representativa en la que todos los funcionarios, desde los cargos menores a los de mayor importancia, solamente sean otorgados a personas electas y que poseen una alta preparación académica y de una conducta de por vida intachable. La politiquería y demagogia conducen a la corrupción y al caos.

El igualitarismo no existe, una falacia esgrimida y enarbolada por sectores oportunistas para dividir, resquebrajar la sociedad y las instituciones democráticas. Estos grupos intentan aplicar esta norma, encubierta con un sentido humanista, de manera obstinada en contraposición a las normas establecidas. Éstos esgrimen igualdad de derechos. Pero detrás de este reclamo se esconde una manipulación sutil y perjudicial a la sociedad porque tal acción ataca directamente el buen funcionamiento del sistema al situarse a personas no calificadas en posiciones importantes y determinantes.

Democracia no es igualitarismo, aunque no son iguales por naturaleza. Unos nacen con un potencial enorme para los deportes; otros para las artes; otros para la ciencia; otros para líderes espirituales o diferentes campos; otros para chef; otros para mecánicos; etc.  Las personas nacen con los mismos derechos  y deberes otorgados y exigidos posiblemente por la constitución, pero esto no significa que una persona tenga garantizado escalar a la cima sin esfuerzos ni méritos personales que respalden ese ascenso. Estas ideas o conceptos demagógicos son muy dañinos a la sociedad.

Estos grupos, portadores de esas ideas del igualitarismo, en realidad no están motivados por sentimientos altruistas, sino con otras intenciones que atacan indirectamente el orden establecido. Finalmente, probablemente, ésos, los “defendidos” terminarán siendo los más afectados.

Para aquellos que sustentan ideas socialistas o antidemocráticas, el creador de esta filosofía, Carl Marx, dijo: “No hay cosa más desigual que considerar como iguales a hombres desiguales”. Este comentarios de Marx, me hace recordar un discurso o alegato del cerdo mayor, líder, de los cerdos en la novela de George Owell:  Animal Farm (La granja): “Todos los animales somos iguales, pero hay unos más iguales que otros”.

Es casualmente cuando comienza a establecerse un igualitarismo arbitrario, para “evitar la discriminación”, que el sistema democrático comienza a socavarse y desmoronarse. Todos los seres humanos debemos tener los mismos derechos, así como deberes, pero, en realidad, una minoría califica para comenzar a escalar la montaña, y un número menor llegará finalmente a la meta. No todos pueden ser médicos, ingenieros, pilotos, matemáticos, físicos, químicos, políticos, pintores, escritores, actores, camioneros, constructores, etc. Dentro de muchos subgrupos como, por ejemplo, médicos, son contadísimos los que son considerados grandes profesionales en su campo. Y así ocurre en todas las demás ramas. Muchos, poseyendo grandes condiciones para el deporte, nunca llegan a ser miembro de un equipo élite de un deporte. El igualitarismo no existe, y, de hecho, considerar tales ideas es extremadamente peligroso para la sociedad y el control y desarrollo del sistema democrático.

Si se les obstruye el camino a las personas brillantes, genios, en aras de darles oportunidad a otras, menos inteligentes y capaces, entonces la sociedad es empujada hacia el abismo. ¿Cómo lograr hazañas increíbles en la NASA y centros científicos importantes si no se buscan y contratan a los más capaces en su campo? Hacer lo contrario, un suicidio, el estancamiento y destrucción del desarrollo de la ciencia y la tecnología y que terminará siendo perjudicial para todos.

El modo de ayudar, en un sentido u otro, a los menos agraciados por la naturaleza, no es discriminando o negándoles el derecho a los más capaces intelectualmente, sino proveyéndoles oportunidades y derechos de acuerdo a sus esfuerzos e intelecto. De lo contrario el desarrollo social, económico y tecnológico se irá al infierno en detrimento de todos. Un lema o “principio económico” esgrimido por los socialistas: “De cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”. En otras palabras, cada persona no puede recibir más de lo que es capaz de hacer o aportar.

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