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La Real Academia Española -¿Guía o Cadena?

 

La pregunta obligatoria sería: ¿Es necesaria la Real Academia Española? Sobre este asunto ha existido por un largo tiempo una ardua e interesante discusión entre filólogos, académicos y otros profesionales vinculados directa e indirectamente con el uso, desarrollo y mantenimiento del castellano o  español. 

En la mayoría de los países de habla hispana existe una academia de la lengua conectada de alguna manera con la RAE. Estas academias están agrupadas con el nombre de Asociación de Academias de la Lengua Española. Algunas de estas instituciones lingüísticas protestan y hasta muestran rebeldía ante lo que llaman tiranía de la RAE. 

La RAE no es infalible de cometer errores, los cuales muchas veces pudieran no ser directamente imputables a la institución sino a la presión ejercida por algunas de las academias asociadas. Entonces surgen las protestas de aquellas que no participaron o apoyaron esos cambios. De esta manera existe un constante litigio entre unas y otras con el obvio propósito de ejercer su voluntad o aumentar su influencia en futuras decisiones. 

Las nuevas reglas emanadas de la RAE, discutidas y aprobadas por la mayoría de las academias asociadas previamente, no son de obligatorio cumplimiento, aunque supongo que se hagan bajo consenso, y esto genera naturalmente conflictos. Y si a esto agregamos las complejidades inherentes a la lengua, así como ocurre con todas las lenguas, sus ramificaciones y peculiaridades en el país correspondiente y sus subdivisiones regionales, entonces el esfuerzo de aunar criterios y políticas a seguir se dificulta en grado superlativo. 

En todo proceso debe existir un organismo u ordenador central que coordine,  dirija y controle todas las actividades del mismo. Citemos varios ejemplos: 1. Una fábrica de autos planea comenzar a producir un nuevo modelo. Lograrlo sería imposible sin una coordinación efectiva de absolutamente todas las partes integrantes y actividades inherentes al mismo, desde el diseño hasta la ultima pieza y el acabado final. 2. Una escuela debe regirse por políticas educacionales diseñadas para alcanzar un fin. Para ello se implementarán para todas las asignaturas a impartir: curriculums, programas, textos, entre otros, y los controles que aseguren la correcta implementación de las reglas o medidas planeadas por el colegio u organismo superior encargado de dictar y aplicar tales políticas. Si no la escuela no podrá garantizar que cada uno de sus egresados posea las destrezas y los conocimientos mínimos requeridos por ese centro educacional y las instancias superiores al mismo en correspondencia con lo esperado. 3. Ahora, pongamos el caso de una especie animal en peligro de extinción. Nada podrá lograrse sin una política oficial, diseñada y coordinada por una organización científica especializada, y sin el apoyo del gobierno del país y hasta del mundo. 

4. Una computadora u ordenador, sin el control de la unidad central que coordina todas las operaciones, será, de hecho, un objeto inservible.   

Ahora bien, muchos argumentarán que la lengua es algo muy diferente. Un elemento vivo, dinámico, no sujeto a la rigidez de normas o reglas estrictas impuestas por “dictadores” inflexibles, sino subordinado únicamente al “enriquecimiento” prácticamente espontáneo proveniente de los ciudadanos de un país, región, etc. Esto  encierra una verdad a medias porque todo proceso o actividad está sujeto a cambios, pero también esta influenciado y hasta regido por ciertas leyes internas y externas. De modo similar se regula el movimiento y desarrollo de una célula del organismo humano hasta la creación, crecimiento y evolution de cada órgano y demás componentes esenciales de una persona. Nada es tan libre e independiente cómo pudiera aparecer a simple vista porque hasta el desorden está regulado por ciertas reglas o leyes ya que de lo contrario, el universo colapsaría irremediablemente. Por ello, toda actividad humana, incluyendo el idioma, debe estar dirigida, controlada y supervisada por un organismo superior a cargo de personas de alto nivel de especialización en la materia que puedan detectar y guiar el desarrollo “natural-inducido” de una lengua específica. Si no imperará el caos. Por tanto, el español con el tiempo dejará de existir como tal y será reemplazado por lenguajes coloquiales, jergas, dialectos o nuevas lenguas derivadas de la lengua matriz, español, que se llamarían colombiana, peruana, uruguaya, mexicana, cubana, etc. Además de las subdivisiones regionales que habrán de surgir en los diferentes países como ocurrió con el latín y, en consecuencia, estos países quedarían incomunicados entre sí. El latín es un caso interesante como ocurrió con el Castellano en España.  Se creó una ruptura del latín y luego del Castellano, en particular, a causa de las divisiones territoriales dando lugar a la creación de nuevos países y regiones. En consecuencia, el latín original fue tomando nuevas estructuras y sonidos en cada una de los nuevos territorios con cierta autonomía. Con el paso del tiempo estos territorios se fueron subdividiendo y con ello el lenguaje sufrió el mismo efecto. Entonces se impuso controlar, dirigir, el caos reinante y surgieron los organismos rectores o reguladores  de los nuevos idiomas derivados del latín.  Si esto no hubiera ocurrido, cada país y sus subdivisiones hablaran un dialecto diferente y la unidad necesaria para crear y mantener un país como tal no sería posible. Un país no puede prevalecer sin una lengua única, nacional. Si la academia de un país trata de aislarse, negándose a aceptar las regulaciones de un organismo central como la RAE, reinará obligatoriamente el caos lingüístico. Entonces, las excepciones prevalecerán sobre las reglas normales y ese país terminará generando un nuevo idioma. Esto no quiere decir que las negativas de algunos países y hasta personas de aceptar determinadas resoluciones de la RAE sean totalmente inaceptables o perjudiciales. No. En algunas ocasiones esa rebeldía podría ser una actitud beneficiosa porque obligará a otras academias y a la misma RAE a reconsiderar si los cambios propuestos son verdaderamente útiles. En mi caso particular, veo la eliminación de las tildes de los pronombres demostrativos y de la palabra “solo” como una medida exagerada, simplista, que socava de cierta manera la elegancia y la claridad del español. Porque el hecho no es cambiar por cambiar, sino solamente aquello que realmente enriquezca nuestra lengua. 

Este breve análisis nos muestra de manera lógica, según mi punto de vista, que la existencia de un organismo o institución central como la RAE tiene mucho sentido y prácticamente es una necesidad si queremos preservar nuestra lengua como una entidad única, coherente y universal.  

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